Fachadas ventiladas: Efecto chimenea

En la rehabilitación de un edificio con fachada ventilada conseguimos lo que se denomina “efecto chimenea”. Una vez que se instalan las piezas de “gres cerámico” sobre la estructura de aluminio, se crea un colchón térmico entre la pared revestida y el paramento del edificio.

De esta forma se crea un espacio entre el aislamiento y el material de revestimiento denominado cámara de aire.  Para que las prestaciones de la fachada ventilada sean óptimas, se debe permitir la circulación constante de aire desde el exterior de la cámara hasta el interior.

Así, debido a las diferencias de temperatura y al fenómeno de convección natural, el aire caliente sube y sale al exterior, provocando una ventilación continua.

Este fenómeno se conoce con el nombre “efecto chimenea”, y es el responsable de las numerosas ventajas que caracterizan a la fachada ventilada.

El “efecto chimenea”  activa una ventilación natural, manteniendo el aislamiento seco y consiguiendo un gran ahorro en el consumo energético.

La instalación de un sistema de fachada ventilada está siendo la elección de muchos arquitectos en la rehabilitación, tanto en edificios antiguos, como una solución duradera en nueva construcción, por las propiedades de eficiencia energética que se consiguen, así como otras propiedades (calidad de los acabados, sistema registrable para acceder a instalaciones, etc.)